lunes, 13 de febrero de 2012

Repercusiones de la crisis en la gestión deportiva


           
          Desde que la crisis económica comenzara en septiembre de 2008 con la caída del banco de inversión Lehman Brothers, las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac y  la aseguradora AIG, se desencadenó un efecto dominó por el cual todos los ámbitos de la vida y sociedad mundial se fueron viendo paulatinamente afectados por los efectos de la recesión global que aún continúa influyendo en las decisiones de gobiernos, instituciones transnacionales, organismos económicos, empresas, familias y particulares.

         A esta realidad no es ajeno el mundo del deporte, que ha contemplado cómo muchos de sus campos se han visto modificados y muchas de sus costumbres alteradas por la irrupción de la crisis en las economías de los agentes que se interrelacionan a escala mundial en este sector.

         De esta forma, aspectos como la subida del desempleo a tipos históricos, la reducción del gasto público y las diferentes medidas aplicadas para combatir la crisis han tenido, ya sea de manera directa o indirecta, consecuencias en la realidad deportiva. Estas consecuencias son de muy diferente índole, pero todas radican en una misma tendencia, el cambio de todo lo que rodea al deporte por el mandato de la crisis económica.

         Uno de los campos en los que dicha crisis ha tenido un mayor impacto (debido al gran número de personas y entidades al que afecta) ha sido el de la gestión, ya sea de clubes deportivos privados o de servicios deportivos prestados por las instituciones públicas. Este impacto en la gestión deportiva  tiene como inmediatas víctimas a todas las personas que se relacionan de forma directa con el deporte. No obstante, también amplía su campo de efectos a determinadas personas que si bien no guardan una relación con el deporte, si ven afectadas sus vidas o hábitos de comportamiento por la causa enunciada anteriormente.
         La razón por la que los clubes deportivos no escapan a esta crisis es por el simple y mero hecho de que deben regirse con el mismo rasero que una familia normal (quizás los agentes más afectados por la recesión), así que el problema empieza cuando uno u otra, tienen más gastos que ingresos, situación a partir de la cual suelen ser noticia por sus dificultades económicas que repercuten en la puesta en marcha de su gestión.

         Por otra parte, el ciudadano de a pie también afectado por la crisis económica, ve como sus posibilidades de hacer deporte y participar en competiciones deportivas a nivel de aficionado se reducen por los gastos y recortes acometidos por las administraciones en materia deportiva dentro del contexto de las políticas de austeridad planteadas por los diferentes gobiernos.

         En definitiva, un crisol de circunstancias que configuran un nuevo panorama en el que la gestión se ve modificada en muchos de sus aspectos para dar lugar a un nuevo modelo que tiene como principal causante a la crisis económica mundial.

Clubes y deportistas

En este contexto de crisis, los primeros afectados por la nueva situación económica son los clubes y los deportistas que los integran, protagonistas absolutos de este mundo y en torno a los cuales gira gran parte del volumen de facturación derivado de su actividad. Si se analizan por separado estos dos elementos se pueden percibir particularidades en cada uno de ellos que ilustran cuál es el nuevo panorama al que se enfrentan.

En el caso de los clubes y entidades deportivas, si bien algunos de ellos han ignorado sistemáticamente todo criterio de prudencia y sensatez, viéndose atrapados en el pozo de las deudas y las suspensiones de pago, otros han intentado amoldarse a los tiempos que corren, ajustando en lo posible sus presupuestos y cerrando el grifo del despilfarro y la ostentación. Por supuesto, también nos encontramos con la otra cara de la moneda: clubes que en mitad del chaparrón se salen de la dinámica de austeridad y  llevan a cabo acciones que conllevan un gran desembolso económico o que consolidan su posición en el mercado desafiando a la coyuntura económica negativa.

Como muchas entidades deportivas en época de bonanza, el Navalcarnero, club de fútbol de la Tercera División madrileña, ejecutó mal su gestión deportiva y económica llenando su plantilla de jugadores con salarios desorbitados, que no se ajustaban a una categoría tan humilde como esa. El ejemplo de los efectos de esa gestión errónea es la actual situación del club, último en la tabla y con un plantel repleto de juveniles, ya que no puede realizar fichajes porque no hay dinero. Un cambio drástico de gestión que intenta corregir las malas prácticas de épocas anteriores y que viene provocado por la crisis económica.

Esta situación, con matices diferentes según el caso concreto, se da en otros clubes de fútbol, uno de los deportes más afectados por la crisis debido a su vinculación en muchas ocasiones con el sector de la construcción. Tales panoramas se han visto en dos equipos más, aunque con diferente desenlace. Por una parte, el CD Carranque de Toledo ha conseguido mantenerse en Tercera División tras atravesar una difícil situación por la negativa de su director deportivo a seguir realizando aportaciones monetarias de su propio bolsillo para mantener la economía del club. Sin embargo, la otra cara de la moneda se pudo observar en el Sporting Villanueva, del grupo cuarto de Segunda División B, que a pesar de las acciones de protesta de sus jugadores por el impago de sus nóminas (llegaron a encerrarse en su estadio) no consiguió superar su problema y tuvo que abandonar la competición. Una consecuencia más de los efectos que acarrea una mala gestión deportiva.

Pero este panorama no es propio solamente del fútbol sino que se extiende a otros deportes. Tal es el caso del club de voleibol Playas de Benidorm, que se vio obligado a abandonar su plaza de la Superliga femenina debido a los retrasos en el pago de las subvenciones por parte del Ayuntamiento de la localidad alicantina. Esta circunstancia es una constante en muchos clubes con economías modestas que dependen de este tipo de subvenciones para poder sobrevivir. Precisamente, se puede encontrar un ejemplo de esta tendencia en el anteriormente mencionado Navalcarnero, que tuvo, entre otras razones, al impago de la aportación municipal como motivo de su declive económico.

Volviendo al caso del Playas de Benidorm, este equipo alicantino ha visto un halo de esperanza en un nuevo proyecto, volviendo los ojos a la cantera del club. De este modo están tratando de superar el duro golpe que les propinó una vez más, la crisis económica. La actuación de este club es un claro ejemplo de cómo poder reinventarse ante esta situación.

Como una vía de ingresos con la que alimentar sus arcas, muchos clubes han tomado la determinación de que sean los propios socios y los aficionados los que colaboren para que la marcha económica del equipo se mejore a través de la subida de los abonos y las entradas. Respecto a este último elemento, el de las entradas, hay una situación que año tras año se produce en el fútbol modesto como consecuencia de los emparejamientos de las primeras eliminatorias de Copa del Rey en las que participan equipos de primera. Es en esas alturas de la competición cuando los equipos “agraciados” con un cruce con uno de los equipos estrella (Real Madrid o Barcelona) aprovechan para hacer caja y que la gran afluencia de público, atraído por ese club de primer nivel, signifique un ingreso extra de taquillaje debido al exacerbado aumento del precio de las entradas en estas ocasiones.
Una subida que bien hace unos años no suponía un golpe extremadamente duro en la economía familiar de los aficionados, pero que ahora imposibilita a muchos de ellos disfrutar viendo a su equipo jugar contra estrellas internacionales del fútbol mundial.

Contra este problema se rebeló el presidente de L´Hospitalet (equipo emparejado en dieciseisavos de final con el Barça), Miguel García, quien tuvo la iniciativa de establecer precios populares para las entradas de los socios del club, aquellas personas que contribuyen económicamente con el equipo pagando cada temporada su cuota anual, lo que generó una reacción positiva del aficionado, que pudo cumplir el sueño de ver a estrellas como Messi o Xavi sin tener que realizar un gran esfuerzo económico. Algo que les hubiera sido imposible en las actuales circunstancias. De nuevo, un ejemplo más de cómo la gestión deportiva cambia en tiempos de dificultades y se adapta a las nuevas imposiciones de la realidad económica.

         Todos los casos anteriores hablan de los problemas que asolan a los clubes deportivos así como de algunas de las alternativas de gestión que éstos elaboran ante un nuevo panorama marcado por la crisis económica y totalmente inédito en sus años de vida. Sin embargo, el alcance de esta escenario de recesión económica es mayor todavía y cuenta entre sus víctimas a los deportistas que encarnan el lado más personal de esta problemática.

         Natalia Rodríguez, dedicada al atletismo, es una de esas deportistas que está sufriendo la crisis. Y como hemos visto en otros casos anteriores la causa principal de su situación es el impago de la subvención municipal de Tarragona que imposibilitó a su equipo, el Nástic, pagar su ficha lo que le ha llevado a integrar las filas de otro club de atletismo, el Nike Running. De esta manera, la crisis vuelve a influir en el deporte, esta vez provocando el cambio de equipo de la atleta y afectando a la gestión del Nástic, que se ve obligado a perder una deportista de gran nivel por no disponer de los recursos necesarios para sufragar su ficha.

         Rodríguez se sigue dedicando en la actualidad al deporte y representa a todos aquellos deportistas que tienen dificultades a la hora de poder seguir trabajando en su actividad. Pero la crisis también golpea a personas ya retiradas de la actividad deportiva, de las cuales se presupone una capacidad económica superior a la media de los ciudadanos por todos los ingresos obtenidos de su etapa en activo.

         Como Perico Fernández, campeón mundial de boxeo del peso superligero en 1974, uno de los grandes del boxeo español que ahora depende de los demás para subsistir. Un enfoque mucho más humano que en el resto de las cuestiones tratadas anteriormente y que tiene como consecuencia que los amigos de Fernández hayan tenido que organizar una competición benéfica para paliar en cierta medida las dificultades del boxeador.

         En el ángulo opuesto a todo lo expuesto en líneas anteriores nos encontramos con clubes y deportistas que no solo no se ven afectados de forma radical por la crisis sino que crecen económicamente durante el transcurso de la misma.

         En este sentido, y de nuevo tomando como referencia el deporte rey, el fútbol, se puede observar cómo mientras los equipos más modestos, en el mejor de los casos, sufren para cuadrar sus cuentas, los clubes más poderosos resisten mucho mejor los envites de la recesión.

         Así lo demuestra el estudio Football Money League, elaborado por Deloitte, que mide el crecimiento de los 20 equipos de fútbol con mayor facturación del mundo en un 3% ya que acumularon unos ingresos de 4.400 millones de euros en la temporada 2010-2011. En palabras de los responsables del informe, “la masa social con la que cuenta este deporte, la capacidad de generar importantes audiencias televisivas y las nuevas vías de financiación procedente de socios corporativos fortalece la resistencia de los principales clubes de fútbol a la crisis”. Una visión profesional y analítica que constata la formación de dos velocidades de progresión por parte de los equipos. Este ejemplo habla del fútbol, pero es aplicable al resto de deportes y dice mucho de la realidad deportiva del momento en lo que a la economía se refiere.

         Llevando esta circunstancia al terreno personal, nos encontramos con la figura del jugador de béisbol dominicano Albert Pujols quien recibirá por parte de Los Angels doscientos cincuenta millones de euros en diez años. De este modo ha conseguido situarse entre los tres fichajes deportivos más caros de toda la historia en Norteamérica. Algo que es todavía más destacable si contemplamos el contexto de crisis en el que se ha ejecutado dicho fichaje. Este desembolso puede desembocar en un debate sobre lo ético que puede ser pagar tal cantidad de dinero por los servicios de un jugador, pero sobre todo indica que aun sufriendo un periodo de vacas flacas, hay clubes que todavía conservan la capacidad de pagar grandes sumas de dinero por contar con nuevos jugadores entre sus filas.
         Otra vertiente de esta temática es la que se refiere a la relación entre los deportistas y los organismos que regulan sus condiciones laborales. Estas relaciones, que siempre traen consigo tensiones debido a que cada una de las partes vela por unos intereses propios, se han visto notablemente dificultadas por la crisis que extrema las discrepancias entre ambos implicados, ya que las nuevas condiciones económicas existentes hacen más difícil el mantenimiento del estatus laboral de los jugadores.


         En ese sentido, y debido a los desacuerdos existentes en torno al salario, los derechos de imagen o las subvenciones de la Liga de Fútbol Profesional a la Asociación de Futbolistas Españoles, todavía no se ha firmado un convenio que regule la relación entre futbolistas y LFP con continuas desavenencias y amagos de huelga por parte de los primeros lo que se convirtió en realidad en la primera jornada de la competición. Así la crisis económica llevó a la primera huelga del fútbol en décadas, con el correspondiente trastorno de calendario que obligó a cambios sobre la marcha en la gestión de los equipos.

          Por su parte, la crisis condiciona también la gestión deportiva de los clubes en lo referente a los entrenadores de los mismos ya que la imposibilidad de asumir nuevos costes de salario hace que los equipos que destituyan a sus técnicos por los malos resultados deportivos cuenten con personal de la cantera, una mano de obra barata, con el objetivo de ahorrar en gastos, supeditando la estrategia deportiva a la economía y yendo en contra de los verdaderos deseos de la directiva de esos clubes.

         En resumen, todo un conglomerado de situaciones que tienen el común denominador de la crisis y que clarifican el cambio por el que están pasando clubes y deportistas obligados por el nuevo estatus que la recesión ha impuesto a unos y a otros. Un nuevo panorama que afecta de lleno a la gestión ya que obliga a los clubes a utilizar sus recursos disponibles, más escasos, de forma diferente a la de hace varios años para hacer frente a un contexto marcado claramente por la austeridad y la necesidad de encauzar la gestión por nuevos caminos.

         Instituciones y población: otros actores en la gestión deportiva

         Hasta ahora el análisis ha versado sobre los principales y más visibles afectados en esta situación de recesión económica. Sin embargo, el conglomerado de actores que están implicados en la gestión deportiva y sobre los que también influye la crisis no agota sus límites en ellos.

         Por un lado la población, entendida y formada esta tanto por los aficionados como por aquellas personas que practican deporte de forma no profesional y por otro los organismos y asociaciones tanto privadas como públicas, comprenden aquellos grupos que se ven afectados por la situación económica actual ya sea de forma directa o indirecta. De una forma u otra las acciones de ambos (población e instituciones) en materia deportiva no pueden entenderse por separado sino que sus caminos quedan entremezclados, afectados ambos en distinta medida por los devastadores efectos de la crisis.

         En este sentido, son muchos los ciudadanos que han visto modificados sus hábitos deportivos debido a los condicionantes impuestos por la realidad actual. Del mismo modo, tanto las instituciones directamente relacionadas con el ámbito deportivo como las diferentes administraciones, han experimentado una serie de cambios en sus actuaciones en relación a este ámbito. Los recortes y medidas de austeridad que han aplicado han repercutido de forma directa o indirecta en las actividades deportivas de los ciudadanos como ya se ha dicho.

         De igual forma que ocurre con los clubes deportivos, instituciones y ciudadanos se ven obligados a echar mano del ingenio más creativo para, de ese modo, tratar de sobreponerse a la coyuntura económica negativa cuya sombra oscurece la realidad de ambos actores.

          El Ayuntamiento de Valencia es una de las instituciones públicas que ha propuesto actuaciones en esta dirección, siempre con el objetivo de potenciar el deporte popular en tiempos de crisis. Así, ha logrado configurar un modelo en el que patrocinadores y participantes sean los encargados de sufragar los gastos derivados, siendo el propio consistorio quien se limite a facilitar las infraestructuras en las que tengan lugar las competiciones, con el ahorro que para el mismo esto supone. Es decir, lo que pasaría a ser una forma barata de ofrecer alternativas deportivas a la población en una época en la que organizar eventos de estas magnitudes significa un coste que las administraciones no pueden asumir. De nuevo una forma más de evitar gastos por una parte y seguir proporcionando facilidades para que los ciudadanos puedan continuar practicando deporte por otra.

         Quizá el deporte aficionado sea uno de los medios que tiene la población para evadirse de los problemas económicos aunque nunca deje de estar ajena a ellos. Con esto, y pesar de que como ya se ha dicho las administraciones e instituciones se ven obligadas a practicar recortes en este ámbito, en ocasiones no sólo no recortan sino que aumentan las ofertas deportivas para sus ciudadanos. Este es el caso del Ayuntamiento de Cuéllar, localidad de Segovia. Los beneficiarios de sus actuaciones son los más pequeños, escolares que han visto cómo los cursos subvencionados por el consistorio se han visto ampliados. Un éxito en una administración que pone de su parte para recortar lo menos posible e incluso ampliar las inversiones en materia deportiva para uso y disfrute de sus ciudadanos en estos tiempos difíciles.

         Como hemos visto en las líneas anteriores, los niños son objeto de ciertas iniciativas que tienen como finalidad el fomento del deporte y su utilización como un elemento para formarles de acuerdo a una educación equilibrada en valores. A este respecto hay un problema que subyace y que se enmarca dentro del contexto de crisis económica: las dificultades que tienen las familias para pagar esas prácticas deportivas que sirven a sus hijos tanto para ejercitarse como para recibir otro tipo de educación alternativa a la que se imparte en las escuelas. Debido a esta problemática, determinados consistorios establecen ciertas medidas o iniciativas de ayuda para que esos problemas económicos no supongan obstáculo alguno a los pequeños a la hora de que puedan practicar sus deportes preferidos. Hay muchas formas de llevar a cabo estas iniciativas, una de ellas es el acuerdo entre los ayuntamientos o diversas corporaciones (dedicadas al deporte o no) que permiten el disfrute gratuito del deporte.

        
         Tal es el caso del Ayuntamiento de San Fernando de Henares, que a través de un convenio con la Fundación Realmadrid y la empresa CLH, ofrece la posibilidad a un centenar de niños y niñas de la localidad la práctica del fútbol como parte fundamental de un proyecto en el que este deporte se concibe como un elemento de integración entre escolares de diferentes nacionalidades, razas,… Dentro de este programa, el consistorio sanfernandino cede gratuitamente instalaciones municipales para la realización de las actividades deportivas, y CLH y la Fundación Realmadrid se encargan de contribuir con donaciones materiales: dinero por parte de la empresa y equipaciones y material deportivo por parte de la asociación vinculada al club merengue.

         Como parte de este proyecto, la mitad de las plazas se reservan para niños y niñas inmigrantes o en riesgo de exclusión social, que no precisarán pagar la matrícula ni las cuotas mensuales. Esta acción es tan solo un ejemplo de a lo que se han visto obligados a hacer muchos consistorios en su política de gestión deportiva, entendida esta como la parcela del poder desde la que se proporciona a los ciudadanos el uso y disfrute del deporte, que se configura casi como un servicio para la población. Algo que viene causado, como todo sobre lo que versa este artículo, por la crisis, que una vez más se convierte en elemento configurador y modificador de la gestión deportiva en todos sus niveles.


         Sin embargo, no todos los casos hablan de consecuencias positivas para la población. El ejemplo más claro de esto puede observarse en India, donde la decisión del gobierno del país de expropiar unas tierras para la construcción del circuito de Fórmula 1 en Nueva Delhi, trajo consigo unos efectos terriblemente negativos para un cierto sector de la población, ya que las personas cuyas tierras fueron expropiadas recibieron por ellas una cantidad bastante inferior a la que debían haber  percibido. Además, la transmisión de esas tierras al Estado significó que los anteriores propietarios, todos ellos dedicados a la agricultura, se quedaran sin tierras que cultivar y por consiguiente, sin trabajo.

         Esta acción llevada a cabo por el gobierno indio, que en ningún momento fue consultada con los propietarios, es uno de los ejemplos  de la gestión negativa por parte de los estados en materia deportiva, ya que supeditó los ingresos económicos procedentes de la Fórmula 1 (que solo repercutiría en las clases altas, las únicas capaces de poder invertir en ese mundo) a los intereses de sus ciudadanos. En concreto, de los miles de aldeanos que se vieron obligados a abandonar sus  hogares y a vivir en chabolas y sin trabajo a escasos metros de un mundo artificial, lleno de lujo y ostentación que nada tiene que ver con la realidad del país ni de sus habitantes.

         Otros impactos sobre la gestión deportiva

         Al igual que a las asociaciones deportivas, la crisis tampoco es ajena al resto de organizaciones que regulan las competiciones. Estos organismos dependen de la misma manera de subvenciones y aportaciones realizadas por los diferentes estados y entidades que agrupan multitud de federaciones deportivas.

         Dentro de este panorama se encuentra la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) que debido a la reducción de ingresos por parte de los estamentos públicos ya se plantea variar su política de financiación y todo ello debido a los efectos de la crisis económica mundial. De esta forma, la WADA está estudiando nuevas formas de financiación dentro de la propia industria deportiva, en lugar de depender de los gobiernos nacionales y del Comité Olímpico Internacional.

         John Fahey, presidente de la WADA, ya se ha hecho eco de la situación del organismo que preside “Quizás haya llegado el momento para que la WADA busque más contribuciones. La industria global del deporte no está falta de dinero, quizás debería asumir ahora una mayor responsabilidad a la hora de protegerse contra las drogas y considerar una mayor contribución a la lucha contra ellas”. Por lo tanto, los organismos reguladores del deporte se convierten también en víctimas de la crisis y ven como tienen que modificar su gestión deportiva para que ésta se adapte de acuerdo a las nuevas condiciones impuestas por el contexto de recesión económica.

         Antes hemos hablado de las federaciones deportivas. Éstas, como uno de los agentes que llevan a cabo la gestión deportiva, también se ven afectadas por la crisis. No obstante, a pesar del contexto negativo logran algún que otro acierto y con su gestión consiguen beneficios para la ciudadanía. Este es el caso de la Federación Española de Tenis que con la organización de las semifinales de Copa Davis en Córdoba consiguió un impacto económico de once millones de euros en la ciudad, lo que supuso un beneficio neto de nueve millones de euros. Una cantidad que repercutió en los trabajadores de la ciudad y que significó un soplo de aire fresco en la economía cordobesa. Tal fue el alcance económico de este evento que incluso los medios de comunicación se vieron afectados de forma notablemente positiva.

         Precisamente, los medios de comunicación son otro de los sujetos sobre los cuales incide la crisis. En el caso concreto de la radio, el conflicto que mantiene por las licencias en los estadios de fútbol con la Liga de Fútbol Profesional (LFP), que exige el pago de una suma que alcanza varios millones de euros para las retransmisiones deportivas, ha provocado que por primera vez en muchos años los tradicionales carruseles deportivos de las tardes de los fines de semana no hayan podido entrar en los campos de fútbol ni en las ruedas de prensa posteriores a los partidos.

         De esta situación se han hecho eco las diferentes fuerzas políticas y el mismo Presidente del Gobierno, quien ha llegado a manifestar “que las radios paguen por informar es como prohibir que vayan a informar al Congreso”.

         Una tendencia con atisbos de continuidad

         El conjunto de las problemáticas observadas en relación a las circunstancias que rodean a la gestión deportiva en estos tiempos de recesión económica demuestran como ésta ha tenido que adaptarse e incluso reinventarse de cara a la realidad actual.

         Todos los estudios y predicciones sobre la situación económica a corto o medio plazo establecen que la crisis va a continuar asolando todos los ámbitos de la sociedad, entre ellos obviamente el deporte y su gestión. Por lo tanto, las modificaciones y diferentes tendencias en lo referente a la gestión que se han observado anteriormente, previsiblemente se seguirán prolongando en el tiempo debido a que tanto clubes como deportistas, aficionados e instituciones van a tener que readaptar sus hábitos de comportamiento a un contexto marcado irremediablemente por la crisis económica.

         De esta forma, se puede decir que estos cambios en la gestión deportiva que afectan a diversos campos de la realidad del deporte, son el inicio de una nueva etapa en todo lo que se relaciona con la gestión, el comienzo de una nueva manera de ejecutar las políticas de gestión por parte de todos los agentes del mundo del deporte. Una  nueva tendencia que solo está en su fase inicial y de cuyo desarrollo habrá que estar pendientes para su posterior análisis.


Sergio de la Cruz Sánchez y Laura García Rodríguez

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